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Mauritania: Los retos de una comunidad marcada por el fenómeno migratorio

La única diócesis de Mauritania acaba de celebrar su 60.º aniversario. Mons. Víctor Ndione, obispo de Nuakchot desde hace dos años, explica a ACN la dificultad de ser pastor en una tierra de tránsito que afronta el drama de la emigración clandestina, a lo que se suman los escasos recursos.

Mons. Víctor Ndione

Mons. Ndione, ¿podría describirnos las particularidades de su diócesis?

La Iglesia mauritana, que solo cuenta con una diócesis erigida en diciembre de 1965, está formada por unos 6.000 fieles -todos ellos extranjeros- procedentes principalmente de los países vecinos: Senegal, Gambia, Malí y Guinea Bissau. La diócesis cuenta con dos obispos (uno de ellos emérito), 13 sacerdotes —de los cuales solo dos están incardinados; todos los demás son religiosos o fidei donum— y una treintena de religiosas, todos ellos extranjeros. La Iglesia goza de gran benevolencia por parte de las autoridades y la población debido a sus actividades sociocaritativas. La Santa Sede mantiene relaciones diplomáticas con el Estado mauritano desde 2016, pero la Iglesia no tiene personalidad jurídica como institución en el país. Se ha iniciado el proceso de reconocimiento formal y, según las declaraciones de las autoridades, esperamos que llegue a buen puerto.

¿Son bien recibidos los cristianos en este país cuya religión oficial es el islam?

En Mauritania no hay persecuciones abiertas por parte del islam, que es tradicionalmente moderado y marcado por el sufismo. Sin embargo, venimos observando un auge de un islam salafista que se está infiltrando en el país y que no ve con buenos ojos ni a la Iglesia católica ni a los musulmanes moderados.

La cuestión migratoria y los dramas que conlleva constituyen el centro de la vida de la diócesis que se le ha confiado. ¿Qué puede decirnos al respecto?

Mauritania sirve de paso para aquellos que sueñan con ir a otros lugares. Sin embargo, en el contexto de la emigración clandestina, constantemente se pierden vidas en el mar, lo que no alegra a nadie. A veces se registran víctimas en nuestra pequeña comunidad, especialmente en la de Nuadibú (al oeste). Hay que llegar a un nivel de desesperación bastante alto para arriesgarse al peligro de los naufragios. En nuestra parroquia de Nuadibú, uno de los jóvenes que se encargaba de enterrar a los ahogados que el mar arroja, se ahogó él mismo al intentar esta aventura imposible, cuando cabría esperar que él era el más indicado para evaluar los riesgos. Esto nos entristeció profundamente.

¿Cómo se articula el papel de la Iglesia en este contexto musulmán y migratorio?

La Iglesia intenta manifestar su caridad basada en la fe en Jesucristo a todos, mauritanos o no mauritanos, sin distinción de religión o rango social. Se trata, en primer lugar, de responder a las necesidades básicas, alimentarias, sanitarias, escolares y de vivienda. Sin embargo, dado que el islam es la religión oficial del Estado, nuestra Iglesia no hace proselitismo.

La vida de nuestra diócesis está marcada por el fenómeno migratorio porque Mauritania es un país de tránsito. A menudo, los migrantes intentan salir de África porque por falta de formación no tienen la posibilidad de emprender nada en su país o durante su tránsito por Mauritania. Por eso trabajamos mucho en la formación profesional de los migrantes en Nuakchot, gracias a un centro de formación profesional que, por cierto, no solo acoge a migrantes, sino también a una mayoría de mauritanos. En Nuadibú, nuestra acción se centra en los sectores de la pastelería, la carpintería, la electricidad y la alfabetización.

 Los fieles en Mauritania son en su mayoría migrantes que intentan llegar a Occidente

En este sentido, me gustaría hacer un llamamiento a los gobernantes de los países de origen: si ciertos sectores se desarrollaran a nivel local en los países del sur del Sáhara, se limitaría el drama de la emigración clandestina.

¿Qué hacen ustedes ante el reto pastoral de una comunidad en continuo movimiento?

El reto de la movilidad es el principal desafío de mi ministerio. Me comparo con Sísifo, que no deja de subir la roca a la cima de la montaña. Así, hoy estamos formando a líderes para la comunidad, a catequistas, a personas que asisten a niños y a maestros a sabiendas de que quizá, dentro de seis meses, ya no estén allí.

 La educación es una parte importante del servicio de la Iglesia en Mauritania

Este desafío de la movilidad también afecta a los agentes pastorales. Todos los sacerdotes son extranjeros; la mayoría son misioneros, por lo que, de un día para otro, pueden ser llamados por su congregación. Lo mismo vale para las religiosas. Aunque ya éramos pocos, una comunidad religiosa femenina acaba de cerrar en la diócesis. Esto supone una preocupación real y una auténtica dificultad. Yo ruego con regularidad al Señor de la mies que envíe obreros y pido que se rece por ello.

¿Cómo le apoya Aid to the Church in Need?

Al no tener personalidad jurídica, no podemos realizar actividades generadoras de ingresos para recaudar los fondos necesarios para los apostolados que necesitan financiación. Aunque los cristianos participan en el diezmo y la colecta, son pobres y su número está disminuyendo. En los últimos tiempos, Mauritania ha adoptado medidas para luchar contra la inmigración, por lo que muchos han tenido que abandonar el país, lo que ha reducido las contribuciones. Las intenciones de misa que nos confía ACN nos permiten reunir fondos por este medio.

La solidaridad de la Iglesia universal y el apoyo de entidades como ACN son para nosotros un bálsamo para el corazón, pero también un soplo de aire fresco, tanto en el acompañamiento a los migrantes y a los mauritanos (educación, alimentación, salud…) como en la vida de Iglesia. En este sentido, ACN nos ha ayudado a reconstruir un centro pastoral en Nuakchot con capacidad para 200 personas, donde los jóvenes y las parejas pueden reunirse, asistir a la catequesis, prepararse para el matrimonio y realizar retiros espirituales. Esto es algo que reviste una importancia fundamental.

En cuanto a las cuestiones de subsistencia, no tenemos medios para mantener al personal apostólico y ACN aporta ayuda para las religiosas. Por todo ello, no podemos sino seguir manifestando nuestra gratitud y rezando para que ACN encuentre los medios para apoyar nuestra pastoral, pero también la de otras Iglesias necesitadas.

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