Guatemala : Un coche para el vicariato apostólico de El Petén
Con una superficie de aproximadamente 36.000 kilómetros cuadrados, el vicariato apostólico de El Petén se extiende por más de un tercio del territorio guatemalteco, un territorio que, sin embargo, con solo unos 900.000 habitantes, está poco poblado. Los trayectos son largos y las distancias no se miden en kilómetros, sino en horas, ya que el estado de las carreteras es tan malo que se tarda mucho más tiempo en recorrer cada tramo que en condiciones normales. Algunas parroquias son más extensas que diócesis enteras de otros lugares.

La población vive principalmente, más mal que bien, de la pequeña agricultura. Muchas familias viven en la pobreza y no tienen acceso a educación ni a atención médica. La violencia, el tráfico de drogas, la corrupción, el desempleo y la desigualdad social dificultan la vida de estas personas.
El obispo Mario Fiandri, que lleva casi 17 años en el cargo, afirma: “Lo más importante del trabajo pastoral aquí en El Petén no son ni los cargos ni las ideas, y no hay que centrarse principalmente en las cosas, el dinero, los papeles y las actividades materiales y externas, sino que lo más importante es visitar a las personas y los contactos reales, y realizar una pastoral de encuentro en la que se dedica tiempo a las personas: a los jóvenes y a los ancianos, a los niños y a los adultos, a los enfermos, a los sanos, a los pobres y a los abandonados, a los que están cerca de la Iglesia, pero también a los que se han alejado de ella y nos critican”. Para ello, el obispo visita una media de tres veces por semana diferentes parroquias, para lo que invierte muchas horas de viaje. Los desplazamientos a los pueblos más remotos duran incluso quince horas, y para ello necesita un coche potente y estable.

Sin embargo, el vehículo que utiliza el obispo ya tiene veinte años de antigüedad y sufre averías con frecuencia. Por eso le ayudamos a adquirir un coche robusto que le permita llegar a las parroquias. Gracias a la generosidad de nuestros benefactores, ¡la Iglesia puede mantener viva la misión en El Petén!