Sri Lanka: el terror de los atentados afecta a todas las religiones

Sri Lanka: el terror de los atentados afecta a todas las religiones

Los budistas admiran a los católicos  por su reacción pacífica

«La gente aquí es buena, pero tenemos un mal gobierno», afirma un chófer budista, una opinión actualmente muy extendida en Sri Lanka. Desde que se supo públicamente que el servicio secreto indio había advertido ya el 4 de abril a los líderes políticos , de posibles ataques terroristas, que acabarían matando a casi 300 personas tres semanas más tarde —el domingo de Pascua—, la ira contra los gobernantes es grande. No sólo entre las víctimas católicas y sus familiares. En los círculos budistas ha surgido incluso la idea de elegir a la cabeza visible de los católicos de la isla, el cardenal Malcolm Ranjith, como Presidente del país, según dicen algunos sacerdotes con una ligera sonrisa.

No se llegaron a dar actos de venganza porque el cardenal Ranjith se apresuró a acudir a los lugares donde se habían producido los atentados para exhortar a los católicos, conmocionados y traumatizados, que se abstuvieran de cualquier tipo de represalias.

En total fallecieron unas 300 personas; todavía no se han podido identificar todas las partes de los cadáveres; ni se ha enterrado a todas las víctimas y todavía no han salido del peligro de muerte todas las personas gravemente heridas. Las historias de los supervivientes son sobrecogedoras: Priyantha Jayakody, por ejemplo, vive en la pequeña aldea de pescadores de Negombo, en su mayoría católica. Perdió a su esposa a manos del terrorista suicida islamista en la mañana del domingo de Pascua; su hijo de 17 años a duras penas sobrevivió. El terrorista musulmán asesinó a un total de 115 personas en la iglesia de San Sebastián en Negombo.

Sri Lanka: el terror de los atentados afecta a todas las religiones.

Sri Lanka: el terror de los atentados afecta a todas las religiones.

Aunque los terroristas, en su acción coordinada, al parecer atacaron premeditadamente a cristianos, entre los asesinados también se encontraban budistas, hindúes y musulmanes. La iglesia en la capital Colombo , , es un santuario nacional dedicado a San Antonio que visitan fieles de todas las religiones. El Santuario de San Antonio es una atracción para las familias compuestas por personas de diversas religiones y para los candidatos al bautismo. Por ejemplo, la budista de 38 años Sayana, que se interesa por el cristianismo desde que asistió a una escuela católica. Después de un largo ayuno, como es habitual para muchos católicos durante la Semana Santa, el domingo de Pascua acudió al Santuario de San Antonio temprano por la mañana. Estaba encendiendo velas cuando el terrorista suicida encendió la bomba. Entre ella y el terrorista solo había una gruesa columna. Sayana sobrevivió, ha quedado con secuelas en el oído, pero otros tuvieron menos suerte, 54 personas murieron en esos instantes.

Velu Ranjithkumar, hindú perdió a su esposa católica; otra  joven familia hindú, perdió al padre de 28 años, que había salido hacia el Santuario de San Antonio después de un largo ayuno. Una joven, que había sido hindú y se convirtió hace dos años, perdió a su marido católico y ahora está sola con un pequeño bebé.

Rizwan Manju y Mohamed Yaseen perdieron a su hijo de 15 años en el ataque terrorista en la iglesia: «Nuestro imán vino al funeral», dice el padre que es musulmán y a menudo acompaña a su esposa católica a la iglesia, aunque él no está pensando en convertirse.

Maiar Mar estaba embarazada y experimentó horas terribles: presa del pánico, al huir la gente la pisoteó. Durante horas estuvo preocupada por el bebé que llevaba en su seno. El niño sobrevivió, pero su cuñada fue asesinada.

Sor Remoshini los visita a todos, traduce del cingalés o del tamil, y trae alguna cosa para los niños. Como muchas religiosas y sacerdotes, es un puente hacia la ayuda material, pastoral y psicológica que ofrece la Iglesia. Y —como pronto se manifiesta durante las visitas a los hogares de los afectados— también es un fuerte hombro en el que muchas víctimas pueden apoyarse para llorar.

Los budistas admiran a los católicos  por su reacción pacífica.

Los budistas admiran a los católicos  por su reacción pacífica.

La joven Medha, de 22 años, y su hermano Imash, de 19, también murieron el domingo de Pascua en la iglesia de San Antonio. Su padre es budista, su madre católica. La madre muestra entre lágrimas dos cruces artísticas que sus hijos habían hecho. Ya no confía en los políticos. Sin embargo, sacerdotes y religiosas vienen a asistirle en su sufrimiento con frecuencia. Ella y muchos otros familiares de las víctimas escucharon muchas promesas del gobierno, pero ayuda financiera concreta sólo la han recibido de la Iglesia católica.

Caritas proporciona ayuda material inmediata, pagos para tratamiento médico o para la educación de los  huérfanos, todo independientemente de la religión de los afectados. Además, también hay equipos de sacerdotes que prestan asistencia pastoral y psicológica a las mismas, que escuchan sus sufrimientos y les ayudan a superar el trauma. Para muchas víctimas y familiares que sufren psicológicamente es más fácil abrir el corazón  fuera de su propio hogar. El «Centro Emaús» de Negombo fue creado para este fin. Aquí, el matrimonio formado por Kamilla y Thomas de Silva coordinan a terapeutas certificados y organizan charlas pastorales para los traumatizados, pero también pasan muchas horas con ellos en silencio y en oración en la capilla de la Adoración.

Pero este no es el único motivo por el que ha crecido enormemente el prestigio de la Iglesia Católica en Sri Lanka desde la Pascua, incluso entre la población mayoritaria que es budista. Estos admiran sobre todo que no se produjeran actos de venganza, sino que los católicos, tan gravemente afectados por el terror, reaccionaran pacíficamente. «Llevemos nuestro sufrimiento a la cruz, a la Eucaristía. Debemos perdonar», dice el sacerdote Claude Nonis, quien con 80 asesores con formación en Psicología ayuda a todas las personas traumatizadas. Y Jude Raj Fernando, administrador del Santuario de San Antonio, concluye: «Nuestro Dios no es un Dios de venganza, sino de amor y misericordia».

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