Panamá: La Iglesia quiere mostrar el verdadero rostro del país

Panamá: La Iglesia quiere mostrar el verdadero rostro del país

Con ocasión de la XXXIV Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), la Iglesia panameña ha decidido desvelar el rostro escondido del país. “Cuando un extranjero desembarca en Panamá, podría pensar que está en Dubai, pero eso no es más que la fachada”, dice Mons. José Domingo Ulloa, Arzobispo de la ciudad de Panamá, la capital.

Este país de América Central, que cuenta con unos 4 millones de habitantes, de los cuales más de un 80% son católicos, se prepara para recibir al Papa Francisco, anfitrión de este gran acontecimiento que tendrá lugar del 22 al 27 de enero de 2019.

Uno de los seis países con mayor desigualdad de Iberoamérica

Según el Banco Mundial, Panamá es uno de los seis países con mayor desigualdad en Iberoamérica y uno de los diez con mayor desigualdad en el mundo. “La JMJ de 2019 será la ocasión de descubrir el verdadero rostro de nuestro país”, ha asegurado Mons. Ulloa. En el pasado mes de noviembre, el religioso de la orden de San Agustín recibió en su Diócesis de Panamá a una delegación de la fundación pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN).

Junto a las amplias y limpias avenidas de la capital, bordeadas por tiendas de lujo, rascacielos de vidrio, sedes bancarias y empresas de servicios, y sin olvidar el prestigioso canal, Panamá reserva sus riquezas a las personas pudientes.

“Panamá tiene dos rostros. En el país, en 2015, el 10% de las familias más ricas tenían ingresos 37 veces más elevados que el 10% de las familias más pobres. “Estas cifras nos revelan la injusticia social y el alto grado de desigualdad que padece nuestro pueblo”, recalca el Arzobispo de Panamá.

Uno de los seis países con mayor desigualdad de Iberoamérica.

Uno de los seis países con mayor desigualdad de Iberoamérica.

Afrodescendientes y grupos indígenas marginados

La suerte de los afrodescendientes no es de envidiar. Sus ancestros fueron los esclavos africanos deportados a Panamá a partir de los siglos XV y XVI o las personas provenientes de las Antillas para trabajar en la construcción del Canal de Panamá en el siglo XX . Estas personas sufren directamente la pobreza y la marginación. Viven en barrios populares y en zonas y provincias tradicionalmente pobres como las de Colón, Darien y Panamá. En gran parte, los afrodescendientes son ahora mestizos.

Además, Panamá cuenta con siete etnias indígenas que representan en torno al 10-12% de la población o a medio millón de habitantes. Una parte importante de esta población autóctona vive en una situación de grave marginación y exclusión social.

“El estado de salud de estos pueblos autóctonos es precario -la mortalidad infantil es tres veces mayor que en el resto de la población- y, además, sufren de bajos niveles de educación y escolarización. Como resultado, esta población indígena no tiene acceso a empleos bien remunerados, pues la sociedad panameña es esencialmente una sociedad de servicios”.

Panamá no es la Suiza de América Central

“Desde el exterior ven a una Panamá muy orgullosa. Creen que estamos tratando con la Suiza centroamericana, pero tenemos que mirar más allá: el 40% de la gente trabaja en el sector no declarado. Hay un Panamá profundo al que no llega el desarrollo, mientras que la cooperación internacional reduce su ayuda porque considera que Panamá es un país desarrollado”, explica Maribel Jaén, de la Comisión de Justicia y Paz del Arzobispado, a la delegación de ACN.

Por su parte Mons. Ochogavía, Obispo de la Diócesis de Colón-Kuna Yala, señala que las diferencias regionales son muy importantes: “La gente de Colón, que sufre un alto desempleo, tiene una mala reputación, por lo que ocultan su origen cuando buscan trabajo… En algunas familias, sólo se almuerza una vez al día y se carece de acceso a agua potable y de atención médica. ¡Algunas comunidades tienen un solo inodoro para veinte familias! Esta población vive en un círculo vicioso que estrangula la esperanza”.

“El desafío será al día siguiente”

Para el obispo, la fuerza de la Iglesia panameña es su laicado, y el impacto de la próxima JMJ ya se siente: muchos jóvenes se han involucrado en la organización de este evento. “No son sólo los católicos, ¡incluso hay jóvenes no creyentes que participan! La JMJ es una bendición para la pastoral juvenil, pero también una oportunidad de trabajo para muchos jóvenes”.

“El desafío será al día siguiente”.

“El desafío será al día siguiente”.

“El desafío será al día siguiente. Será necesario mantener el dinamismo de la JMJ, para trabajar de forma continuada, pues existe el riesgo de que prevalezca la tendencia carismática, muy presente en Panamá. Esta tendencia a menudo se basa en lo superficial, en lo emocional, en el sentimentalismo. De ahí la importancia de educar a los fieles y, en particular, a los jóvenes, en la Doctrina Social de la Iglesia”, segnala Maribel Jaén.

Mons. Ulloa también espera que esta JMJ, en la que se prevé la participación de 400.000 jóvenes, ofrezca la oportunidad de relanzar y profundizar la Doctrina Social de la Iglesia, porque, en su opinión, la pequeña Iglesia panameña, que sólo tiene 6 diócesis, una prelatura apostólica y un vicariato apostólico, necesita una profunda renovación.

El Arzobispo de Panamá celebra el hecho de que durante la próxima JMJ los jóvenes que se espera que asistan puedan familiarizarse con la enseñanza social de la Iglesia a través de la aplicación Docat. Proporcionado por la Fundación YOUCAT, que es parte de ACN, su objetivo es ayudar a los jóvenes a entender, en su propio idioma y respondiendo a sus preguntas, este importante aspecto del compromiso cristiano.

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