El nacionalismo agresivo alimenta el odio religioso… y Occidente se olvida de actuar

El nacionalismo agresivo alimenta el odio religioso… y Occidente se olvida de actuar

De acuerdo con un informe, Occidente no actúa suficientemente para hacer frente a la nueva crisis de un nacionalismo represivo

En partes importantes del mundo, una ola de nacionalismo agresivo es la causa de una creciente violencia y otras formas de intimidación contra minorías religiosas; Occidente no es capaz de traducir sus palabras de preocupación en actos concretos.

Este es el resultado del «Informe sobre la libertad religiosa en todo el mundo en 2018», que acaba de publicarse y que evalúa la situación en todos los 196 países del mundo. El nacionalismo ejercido en diversos países, bien por organismos gubernamentales o por actores no gubernamentales, ha contribuido —según dicho informe— a reforzar el odio contra minorías religiosas. Esto puede decirse también de potencias líderes en diferentes regiones del mundo como, por ejemplo, India, China y Myanmar.

El informe que publica la Fundación pontificia Aid to the Church in Need cada dos años hace constar que el problema ha empeorado debido al analfabetismo religioso, también por parte de los medios de comunicación, y la ausencia de actuación política en Occidente. Además, muchas minorías religiosas sufren tras un «telón de indiferencia».

La mayoría de los gobiernos occidentales no han logrado «hacer llegar a las minorías religiosas la ayuda que se precisa urgentemente con la mayor rapidez posible». Esto puede decirse especialmente de las comunidades desplazadas que desean volver a sus países. En ese contexto, la mayoría de los gobiernos —siempre según el Informe— tampoco ha ofrecido a minorías religiosas expulsadas de su tierra las ayudas reivindicadas por ellas mismas para a sus países, por ejemplo en el norte de Irak después de que se expulsara de allí al denominado Estado islámico y otros grupos militantes.

Del análisis de la Fundación católica se deduce que la información que ofrecen los medios de comunicación sobre el Islam militante, en el periodo de referencia (2016-2018), se limita casi exclusivamente a las luchas contra el denominado Estado islámico y los grupos anexos a él, pero se hace prácticamente caso omiso de la continuada expansión de movimientos islamistas militantes en zonas de África, Próximo Oriente y Asia.

El informe señala el creciente conflicto entre sunitas y chiíes, las dos principales corrientes del Islam y que rivalizan entre sí, como la fuerza que impulsa el aumento del extremismo.

Durante el periodo de referencia de dos años —sigue diciendo el Informe—, la situación de las minorías religiosas ha empeorado en 18 de los 38 países – casi la mitad – de los países clasificados como “países que sufren graves violaciones contra la libertad religiosa”.

La creciente intolerancia frente a las minorías religiosas ha llevado a que —por primera vez en los 14 años de historia del Informe—Rusia y Kirguistán estén incluidos en la categoría de «discriminación». Por otra parte el Informe añade que en algunos casos, como el de Arabia Saudí y Corea del Norte, la situación es ya tan pésima que, literalmente, “no ha podido empeorar en el periodo de referencia”.

En Occidente se hace referencia a la ola de ataques extremistas. Un terrorismo que ataca directamente el corazón de las democracias liberales y se define como «terrorismo de vecindad». De acuerdo con el Informe, el peligro que parte del terrorismo de estas características es «universal, inminente y omnipresente». El «Informe sobre la libertad religiosa en todo el mundo en 2018» hace asimismo referencia a una creciente animosidad contra el Islam y a un mayor antisemitismo en Occidente.

Resumiendo los principales resultados del Informe, John Pontifex, redactor-jefe, ha comentado: «el ultranacionalismo agresivo —ya sea el ejercido por gobiernos hardliner o por grupos extremistas violentos— trae como consecuencia que las minorías religiosas se sientan extrañas en su propio país. Son objetivos fáciles en una nueva época de ignorancia e intolerancia».

 

Si bien hay minorías como los Rohingya musulmanes, cuya situación de emergencia cuenta con la «atención debida» en Occidente, otros —como los cristianos en Nigeria, la Comunidad Ahmadía en Pakistán y los seguidores del Bahaísmo en Irán— se sienten «abandonados por Occidente, donde la libertad religiosa, en la lista de prioridades de los Derechos Humanos, ha caído a uno de los últimos puestos».

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