Bosnia: El cardenal Puljic sobre la amenaza latente a la existencia de los católicos

Bosnia: El cardenal Puljic sobre la amenaza latente a la existencia de los católicos

Los días navideños son «un periodo para perdonar, para curar las heridas»

Hace ya tiempo que Bosnia y Herzegovina no salta a los titulares. La guerra finalizó oficialmente con el Tratado de Dayton, firmado en 1995. Sin embargo, las heridas siguen sin restañar e inciden sobre la situación de las personas todavía hoy, más de 20 años después de la guerra. Del más de medio millón de católicos que aquí vivían más de la mitad fueron expulsados como consecuencia de la guerra, según se relata en la página web de la archidiócesis de Vrhbosna, con sede en Sarajevo.

En una entrevista mantenida con la Fundación Pontificia Internacional Aid to the Church in Need (ACN) el arzobispo y cardenal Vinko Puljic llama la atención sobre la preocupante situación de los católicos en su país. La mayoría de los católicos son croatas; antes de la guerra suponían el 17 por ciento de la población.

Se calcula que cada año abandonan el país hasta 10.000 católicos, según las cifras que la agencia católica de noticias de la Conferencia Episcopal de Bosnia y Herzegovina ha aportado recientemente, remitiendo al cardenal.

ACN: ¿Cuál es la situación actual de los católicos en Bosnia-Herzegovina?

Cardenal Puljić: La mayoría de los católicos fueron expulsados de sus casas como consecuencia de la guerra y de los sucesos de la posguerra; hubo muchas destrucciones y saqueos. Después de la guerra no hubo apoyo político ni económico para que los expulsados regresaran de modo permanente. El Acuerdo de Dayton no se llevó a la práctica. Los que más sufrieron fueron la minoría de los croatas católicos. Para ellos es más difícil conseguir sus derechos.

Esa inseguridad sigue apreciándose en la gente. Por ello, algunos abandonan el país. Se preocupan por el futuro de sus hijos. A ello contribuyen además algunos mensajes negativos que difunden los medios y que se aprovechan para enrarecer el ambiente.

¿Qué es lo que más le preocupa?

No hay trato de igualdad en las regiones en las que una minoría de católicos se ve rodeada por la mayoría de otras confesiones. Esa falta de igualdad se exterioriza en lo político y administrativo, y sobre todo cuando se trata de puestos de trabajo. En relación con el futuro de la Iglesia católica en Bosnia y Herzegovina se plantea la seria cuestión de su futuro. Cuando no haya más croatas no habrá ya católicos, pues la mayoría de los croatas son católicos. También por esta razón es importante conseguir un trato de igualdad.

¿Dónde ve síntomas positivos?

En nuestro país, la Iglesia intenta vivir y actuar como si todo fuera normal; de ese modo intentamos trasmitir una conciencia particular y la esperanza en el futuro. Así sucede en la labor pastoral y caritativa y en la educación. Aquí hemos de ser «la sal de la tierra» y esforzarnos en pro de la esperanza, de la dignidad humana y de los Derechos Humanos.

¿Cómo contribuyen los cristianos a superar los acontecimientos de la guerra y sus consecuencias en Bosnia y Herzegovina?

Es una gran gracia vivir de la fe. La esperanza y la fuerza la obtenemos en la oración personal y comunitaria. Un apoyo importante son las misas dominicales y nuestras peregrinaciones. Con ocasión del centenario de las apariciones en Fátima hemos consagrado cada una de las parroquias y toda la archidiócesis a la Virgen María.

Jesús se hizo hombre y vino a nuestra realidad. Por eso hemos de vivir las Navidades en la realidad. En el nacimiento de Jesús como un Niño estamos llamados a reconocer el amor de Dios y la verdadera fuente de la alegría, pues todos somos seres queridos. Del mismo modo que Dios se ha hecho cercano a los hombres como Emmanuel, como «Dios con nosotros», también nosotros hemos de hacernos cercanos unos a otros y a Dios. Se trata de curar las heridas perdonándose los unos a los otros y confiándose con alegría al amor de Dios.

My gift to support the ACN mission with the persecuted Christians and those in need.

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QUIÉNES SOMOS

Fundada en 1947 como una organización católica de ayuda para refugiados de guerra y reconocida como una fundación pontificia desde 2011, ACN se dedica al servicio a los cristianos en todo el mundo allá donde estén perseguidos, discriminados o sufran necesidad material, a través de la oración, la información y la caridad. Anualmente ACN apoya alrededor de 5.000 proyectos pastorales en cerca de 150 países, gracias a donaciones privadas, ya que la organización no recibe ayudas gubernamentales.